Hace unos meses, todavía en 2009, fui al Museo de Arte Moderno y pude ver Disidencias Compatibles, que es en realidad una exposición verdaderamente fascinante por varias razones: en primer lugar, muestra 100 (creo) piezas de arte moderno mexicano escogidas del acervo de 2000 que tiene el museo y esto nos lleva a considerar qué tienen estas piezas para ser las más representativas de la identidad mexicana en arte moderno del siglo XX; en segundo, la idea es ésta, tomar algunas obras del acervo para representar la identidad de la plástica mexicana y esto, aunque suene sencillo, nos lleva a un recorrido de las situaciones sociales y políticas del siglo pasado en nuestro país.
Ok, tal vez me estoy adelantando un poco y debería empezar por recomendarles que asistan a la exposición antes de meterme en el rollo ideológico. Vayan, vale la pena.
Ahora si, además de dejarnos apreciar piezas súper rifadísimas, la exposición nos da algo más: la posibilidad de recorrer el siglo pasado en México a través del arte y la oportunidad de entender de cerca la mentalidad de esa sociedad y de su gobierno.
¿Por qué? Pues entendamos lo básico; a principios del siglo pasado, digamos en 1930, México estaba saliendo de un período intenso en su historia; llevaba 10 años como un país "democrático" pero bueno, finalmente ya no caudillista, había pasado 30 años de dictadura con Porfirio Díaz y en consecuencia, una revolución bastante destructiva; ell partido político que regiría México por 70 años se estaba conformando como un verdadero sistema organizado e institucionalizado y empezaría en este país una ola de "modernización" distinta a todo lo que se había visto.
En ese momento, el PNR, que después sería PMR y finalmente PRI se enfrenta a un mundo en el que las exportaciones, las inversiones extranjeras, el turismo y el comercio son algo vital para la economía de los países con un país que tiene una fama muy peculiar al exterior y que necesita empezar a incluirse en estas actividades. Entonces, empieza una serie de políticas de promoción de México como un paraíso de los recursos, con una riqueza cultural e histórica invaluable y con una identidad nacional definida y orgullosa.
Empiezan los cuentos y se establece la historia oficial: civilizaciones indígenas de gran riqueza; Hidalgo, héroe independentista; Juárez valuarte nacional; el himno, las ceremonias a la bandera y en fin, el show con el que sin duda, estamos familiarizados y que tuvo a bien darnos la idea de nación que hasta hoy, conocemos. Si fue bueno o fue malo, no me meteré en ese asunto; en lo que sí me meteré es en la parte que no se veía de las políticas. Ejemplo: en las escuelas se enseñaba la historia de los aztecas y al exterior se enaltecía el pasado indígena del país, pero en la práctica, los grupos indígenas vivían situaciones extremas de marginación, discriminación y pobreza.
Y ahora sí, a lo que nos truje Chencha... ¿Qué tiene que ver esto con el arte moderno mexicano? Pues, que esta idea de nación se tradujo en un lenguaje pictórico particular que la exposición trata de mostrar a través de obras representativas. Y lo que lo hace fascinante es que para muchos pintores fue algo relativamente inconsciente hasta donde sabemos. Por ejemplo, tenemos a Frida Kahlo, pintora entre los años 20 y los 50, comunista; no podríamos llamarla desde esta perspectiva un instrumento del sistema de gobierno o una vocera del estado y sin embargo, su obra explotó mucho la idea del país que vendía el gobierno mexicano. Sus piezas más famosas, como "Las dos Fridas", muestran una conexión con la herencia indígena del país, un orgullo del pasado mesoamericano; hablan de la riqueza de la tierra, de la identidad nacional y a veces también, de la violencia y la falta de legalidad en piezas como "Unos cuantos piquetitos".
No se puede dejar de lado esta parte, la parte de la crítica al sistema, a la política mexicana en muchos de los artistas plásticos del momento, sin embargo, parece que a pesar de que políticamente poco o nada tenían que ver muchos pintores mexicanos de la época con el sistema establecido, se dejaron llevar por la idea del país que se vendía al extranjero y esta fue la principal influencia en sus obras.
Y así a través de "Puesto de Mercado" de Olga Costa, de "Las dos Fridas", de "Ciudad de México" de Juan O'Gorman, de fotografías de Modotti y Álvarez Bravo, Disidencias Compatibles, nos hace un recorrido por los estereotipos mexicanos que han cautivado al extranjero: el misterio de nuestro pasado, el orgullo de nuestra herencia prehispánica, la docilidad de nuestra gente, el colorido de nuestro paisaje nacional, lo exótico de nuestro entorno natural, la alegría de nuestro ingenio popular. Y nos hace cuestionarnos, qué tanto esta identidad es real para cada uno de nosotros, qué tanto forma parte de lo que somos, de como nos concebimos, qué tanto reproducimos de ella en nuestra forma de vida, qué tanto nos hemos alejado.
Y al final, tal vez podría hacer que pensáramos, qué tanto ha mejorado las condiciones de nuestro país, qué tanto nos hace crecer, cómo nos ayuda.
No se trata y jamás se tratará, espero, de desentendernos de la visión de México de Kahlo o de Modotti, de Rivera o de Chava Flores, de Violeta Parra o de Tin Tan; de renegar de las cumbias, de la lucha libre, de los huipiles o de los tlacoyos, de la playa, de ser exóticos, fiesteros y alegres, de las pirámides y de los alebrijes. Pero tal vez, es hora de ver más allá, de entender que no porque cantemos el himno nacional, estamos verdaderamente orgullosos de México y no porque nos alegremos de ver Teotihuacan, hemos hecho algo por los grupos indígenas de nuestro país.
Vivimos con alegría y fiesta pero también con violencia, tenemos Oaxaca pero también Ciudad Juárez, conocemos ambos espectros de la realidad y el orgullo debería traducirse en acciones por mejorarla. Por que las nubes moradas sean para todos...
Ok, tal vez me estoy adelantando un poco y debería empezar por recomendarles que asistan a la exposición antes de meterme en el rollo ideológico. Vayan, vale la pena.
Ahora si, además de dejarnos apreciar piezas súper rifadísimas, la exposición nos da algo más: la posibilidad de recorrer el siglo pasado en México a través del arte y la oportunidad de entender de cerca la mentalidad de esa sociedad y de su gobierno.
¿Por qué? Pues entendamos lo básico; a principios del siglo pasado, digamos en 1930, México estaba saliendo de un período intenso en su historia; llevaba 10 años como un país "democrático" pero bueno, finalmente ya no caudillista, había pasado 30 años de dictadura con Porfirio Díaz y en consecuencia, una revolución bastante destructiva; ell partido político que regiría México por 70 años se estaba conformando como un verdadero sistema organizado e institucionalizado y empezaría en este país una ola de "modernización" distinta a todo lo que se había visto.
En ese momento, el PNR, que después sería PMR y finalmente PRI se enfrenta a un mundo en el que las exportaciones, las inversiones extranjeras, el turismo y el comercio son algo vital para la economía de los países con un país que tiene una fama muy peculiar al exterior y que necesita empezar a incluirse en estas actividades. Entonces, empieza una serie de políticas de promoción de México como un paraíso de los recursos, con una riqueza cultural e histórica invaluable y con una identidad nacional definida y orgullosa.
Empiezan los cuentos y se establece la historia oficial: civilizaciones indígenas de gran riqueza; Hidalgo, héroe independentista; Juárez valuarte nacional; el himno, las ceremonias a la bandera y en fin, el show con el que sin duda, estamos familiarizados y que tuvo a bien darnos la idea de nación que hasta hoy, conocemos. Si fue bueno o fue malo, no me meteré en ese asunto; en lo que sí me meteré es en la parte que no se veía de las políticas. Ejemplo: en las escuelas se enseñaba la historia de los aztecas y al exterior se enaltecía el pasado indígena del país, pero en la práctica, los grupos indígenas vivían situaciones extremas de marginación, discriminación y pobreza.
Y ahora sí, a lo que nos truje Chencha... ¿Qué tiene que ver esto con el arte moderno mexicano? Pues, que esta idea de nación se tradujo en un lenguaje pictórico particular que la exposición trata de mostrar a través de obras representativas. Y lo que lo hace fascinante es que para muchos pintores fue algo relativamente inconsciente hasta donde sabemos. Por ejemplo, tenemos a Frida Kahlo, pintora entre los años 20 y los 50, comunista; no podríamos llamarla desde esta perspectiva un instrumento del sistema de gobierno o una vocera del estado y sin embargo, su obra explotó mucho la idea del país que vendía el gobierno mexicano. Sus piezas más famosas, como "Las dos Fridas", muestran una conexión con la herencia indígena del país, un orgullo del pasado mesoamericano; hablan de la riqueza de la tierra, de la identidad nacional y a veces también, de la violencia y la falta de legalidad en piezas como "Unos cuantos piquetitos".
No se puede dejar de lado esta parte, la parte de la crítica al sistema, a la política mexicana en muchos de los artistas plásticos del momento, sin embargo, parece que a pesar de que políticamente poco o nada tenían que ver muchos pintores mexicanos de la época con el sistema establecido, se dejaron llevar por la idea del país que se vendía al extranjero y esta fue la principal influencia en sus obras.
Y así a través de "Puesto de Mercado" de Olga Costa, de "Las dos Fridas", de "Ciudad de México" de Juan O'Gorman, de fotografías de Modotti y Álvarez Bravo, Disidencias Compatibles, nos hace un recorrido por los estereotipos mexicanos que han cautivado al extranjero: el misterio de nuestro pasado, el orgullo de nuestra herencia prehispánica, la docilidad de nuestra gente, el colorido de nuestro paisaje nacional, lo exótico de nuestro entorno natural, la alegría de nuestro ingenio popular. Y nos hace cuestionarnos, qué tanto esta identidad es real para cada uno de nosotros, qué tanto forma parte de lo que somos, de como nos concebimos, qué tanto reproducimos de ella en nuestra forma de vida, qué tanto nos hemos alejado.
Y al final, tal vez podría hacer que pensáramos, qué tanto ha mejorado las condiciones de nuestro país, qué tanto nos hace crecer, cómo nos ayuda.
No se trata y jamás se tratará, espero, de desentendernos de la visión de México de Kahlo o de Modotti, de Rivera o de Chava Flores, de Violeta Parra o de Tin Tan; de renegar de las cumbias, de la lucha libre, de los huipiles o de los tlacoyos, de la playa, de ser exóticos, fiesteros y alegres, de las pirámides y de los alebrijes. Pero tal vez, es hora de ver más allá, de entender que no porque cantemos el himno nacional, estamos verdaderamente orgullosos de México y no porque nos alegremos de ver Teotihuacan, hemos hecho algo por los grupos indígenas de nuestro país.
Vivimos con alegría y fiesta pero también con violencia, tenemos Oaxaca pero también Ciudad Juárez, conocemos ambos espectros de la realidad y el orgullo debería traducirse en acciones por mejorarla. Por que las nubes moradas sean para todos...