martes, 9 de marzo de 2010

Museo de arte moderno. Disidencias Compatibles

Hace unos meses, todavía en 2009, fui al Museo de Arte Moderno y pude ver Disidencias Compatibles, que es en realidad una exposición verdaderamente fascinante por varias razones: en primer lugar, muestra 100 (creo) piezas de arte moderno mexicano escogidas del acervo de 2000 que tiene el museo y esto nos lleva a considerar qué tienen estas piezas para ser las más representativas de la identidad mexicana en arte moderno del siglo XX; en segundo, la idea es ésta, tomar algunas obras del acervo para representar la identidad de la plástica mexicana y esto, aunque suene sencillo, nos lleva a un recorrido de las situaciones sociales y políticas del siglo pasado en nuestro país.

Ok, tal vez me estoy adelantando un poco y debería empezar por recomendarles que asistan a la exposición antes de meterme en el rollo ideológico. Vayan, vale la pena.

Ahora si, además de dejarnos apreciar piezas súper rifadísimas, la exposición nos da algo más: la posibilidad de recorrer el siglo pasado en México a través del arte y la oportunidad de entender de cerca la mentalidad de esa sociedad y de su gobierno.

¿Por qué? Pues entendamos lo básico; a principios del siglo pasado, digamos en 1930, México estaba saliendo de un período intenso en su historia; llevaba 10 años como un país "democrático" pero bueno, finalmente ya no caudillista, había pasado 30 años de dictadura con Porfirio Díaz y en consecuencia, una revolución bastante destructiva; ell partido político que regiría México por 70 años se estaba conformando como un verdadero sistema organizado e institucionalizado y empezaría en este país una ola de "modernización" distinta a todo lo que se había visto.

En ese momento, el PNR, que después sería PMR y finalmente PRI se enfrenta a un mundo en el que las exportaciones, las inversiones extranjeras, el turismo y el comercio son algo vital para la economía de los países con un país que tiene una fama muy peculiar al exterior y que necesita empezar a incluirse en estas actividades. Entonces, empieza una serie de políticas de promoción de México como un paraíso de los recursos, con una riqueza cultural e histórica invaluable y con una identidad nacional definida y orgullosa.

Empiezan los cuentos y se establece la historia oficial: civilizaciones indígenas de gran riqueza; Hidalgo, héroe independentista; Juárez valuarte nacional; el himno, las ceremonias a la bandera y en fin, el show con el que sin duda, estamos familiarizados y que tuvo a bien darnos la idea de nación que hasta hoy, conocemos. Si fue bueno o fue malo, no me meteré en ese asunto; en lo que sí me meteré es en la parte que no se veía de las políticas. Ejemplo: en las escuelas se enseñaba la historia de los aztecas y al exterior se enaltecía el pasado indígena del país, pero en la práctica, los grupos indígenas vivían situaciones extremas de marginación, discriminación y pobreza.

Y ahora sí, a lo que nos truje Chencha... ¿Qué tiene que ver esto con el arte moderno mexicano? Pues, que esta idea de nación se tradujo en un lenguaje pictórico particular que la exposición trata de mostrar a través de obras representativas. Y lo que lo hace fascinante es que para muchos pintores fue algo relativamente inconsciente hasta donde sabemos. Por ejemplo, tenemos a Frida Kahlo, pintora entre los años 20 y los 50, comunista; no podríamos llamarla desde esta perspectiva un instrumento del sistema de gobierno o una vocera del estado y sin embargo, su obra explotó mucho la idea del país que vendía el gobierno mexicano. Sus piezas más famosas, como "Las dos Fridas", muestran una conexión con la herencia indígena del país, un orgullo del pasado mesoamericano; hablan de la riqueza de la tierra, de la identidad nacional y a veces también, de la violencia y la falta de legalidad en piezas como "Unos cuantos piquetitos".
No se puede dejar de lado esta parte, la parte de la crítica al sistema, a la política mexicana en muchos de los artistas plásticos del momento, sin embargo, parece que a pesar de que políticamente poco o nada tenían que ver muchos pintores mexicanos de la época con el sistema establecido, se dejaron llevar por la idea del país que se vendía al extranjero y esta fue la principal influencia en sus obras.

Y así a través de "Puesto de Mercado" de Olga Costa, de "Las dos Fridas", de "Ciudad de México" de Juan O'Gorman, de fotografías de Modotti y Álvarez Bravo, Disidencias Compatibles, nos hace un recorrido por los estereotipos mexicanos que han cautivado al extranjero: el misterio de nuestro pasado, el orgullo de nuestra herencia prehispánica, la docilidad de nuestra gente, el colorido de nuestro paisaje nacional, lo exótico de nuestro entorno natural, la alegría de nuestro ingenio popular. Y nos hace cuestionarnos, qué tanto esta identidad es real para cada uno de nosotros, qué tanto forma parte de lo que somos, de como nos concebimos, qué tanto reproducimos de ella en nuestra forma de vida, qué tanto nos hemos alejado.

Y al final, tal vez podría hacer que pensáramos, qué tanto ha mejorado las condiciones de nuestro país, qué tanto nos hace crecer, cómo nos ayuda.
No se trata y jamás se tratará, espero, de desentendernos de la visión de México de Kahlo o de Modotti, de Rivera o de Chava Flores, de Violeta Parra o de Tin Tan; de renegar de las cumbias, de la lucha libre, de los huipiles o de los tlacoyos, de la playa, de ser exóticos, fiesteros y alegres, de las pirámides y de los alebrijes. Pero tal vez, es hora de ver más allá, de entender que no porque cantemos el himno nacional, estamos verdaderamente orgullosos de México y no porque nos alegremos de ver Teotihuacan, hemos hecho algo por los grupos indígenas de nuestro país.

Vivimos con alegría y fiesta pero también con violencia, tenemos Oaxaca pero también Ciudad Juárez, conocemos ambos espectros de la realidad y el orgullo debería traducirse en acciones por mejorarla. Por que las nubes moradas sean para todos...

domingo, 7 de febrero de 2010

Feminidad, amor y relaciones

Aunque este blog no tiene el objetivo de tratar cosas personales, en esta entrada hablaré un poco sobre mi vida. En este momento, estoy pasando por una situación difícil con una relación y de alguna manera esto ha hecho que me confronte con todo lo que alguna vez creí válido o real sobre el amor y las relaciones humanas.

Hablar de relaciones y especialmente de amor o de amistad no me es fácil. Soy finalmente, una mujer creciendo en el siglo XXI; un siglo ya muy avanzado en la historia humana en el cual, parecería, todo se ha dicho sobre el amor. Destaco que estoy creciendo porque en muchos sentidos, me siento totalmente verde, totalmente nueva, tan poco lista para tantos retos y sin embargo, me hallo en una situación que requiere todas mis herramientas y toda mi sabiduría, aunque insisto, no me siento lista.

De verdad creo que todo se ha dicho sobre amor en este siglo; tenemos tantas opciones como mujeres modernas: podemos casarnos o solo vivir con alguien, puede ser hombre o mujer, podemos ser amas de casas, mujeres trabajadoras, podemos ser fieles, tener relaciones abiertas o escoger alguna opción más alternativa estilo "Vicky, Christina, Barcelona", podemos decidir ser madres con una pareja, no serlo, serlo solteras, podemos quedarnos de "quedadas" (valga la redundancia) y se puede decir que no vivimos el linchamiento físico y real que vivimos en algún momento, pero ¿podemos decir que no hay linchamientos de otro tipo? ¿Se puede afirmar que ya no hay cargas para las mujeres?

En la increíble novela
"Gabriela, clavo y canela" de Jorge Amado, se habla de las costumbres de las ciudades brasileñas en los años 20's, o bueno, a principios del siglo pasado. En la historia, varias mujeres son cruelmente asesinadas por mantener relaciones fuera de su matrimonio y lo que es peor, la justicia contempla estos hechos con pasividad e incluso con aprobación, de la misma manera que lo hace el resto de la sociedad. Leyendo esto, me he enfrentado a una realidad que alguna vez fue por definición, femenina y que ahora parece distante de alguna manera. Mis bisabuelas, vieron esa violencia, mis abuelas vivieron en una realidad parecida, mi mamá y mi tía lucharon toda su vida por espacios de libertad y yo puedo ver distancia gracias a sus historias.

Aún así, eso de la distancia es bastante relativo, porque si ponemos atención, el machismo y la misoginia no han parado y solo han encontrado maneras distintas de manifestarse, sin embargo, dejaré ese análisis para otra entrada; en este, centrémonos en otro tipo de mujeres, en aquellas mujeres que no viven situaciones de extrema violencia, que entienden sus derechos y que tienen sus necesidades básicas cubiertas. Estas mujeres, parecerían estar en una situación óptima para vivir la vida que ellas decidan, para encontrarse en situaciones de respeto y de cariño y posiblemente para vivir una vida feliz con otras personas. Y sin embargo, hoy más que nunca, hay retos muy profundos para las parejas y por supuesto, para las mujeres.

Ya no necesitamos a los hombres; no son nuestro boleto para salir de casa de nuestros padres, no son nuestra fuente económica ni siquiera nuestra única opción para ser madres. Y aunque por supuesto, apoyo totalmente que la decisión de unir o no nuestras vidas no venga de la necesidad, me pregunto, ¿qué tanto ha afectado nuestra realidad como mujeres?

Realmente no tengo una respuesta clara. Siento que es un tema demasiado profundo e intrincado para responderlo pero puedo decir que me siento absolutamente confundida sobre lo que debo hacer de ahora en adelante en mi vida personal. Y especialmente, siento que seguimos siendo linchadas sin importar nuestras decisiones de vida.

En lo personal, siempre creí que yo sería una mujer fuerte, trabajadora e independiente. Desde que llegué a la adolescencia, comprendí que no quería casarme, que no quería cuidar a un hombre como modo de vida; no fueron pocos los moretones del camino pero tomó más tiempo y algunos golpes más, darme cuenta de que yo no creía en la fidelidad, que no quería establecerme ni comprometerme así con nadie y que tal vez, ni siquiera veía a un hombre en mi camino. Estoy orgullosa de las decisiones que tomé en ese momento y también de lo radical que fui en mi posición al respecto. No obstante, ahora me encuentro en otra etapa. Sigo sin creer en el matrimonio, tampoco creo necesariamente en la fidelidad y pienso que en la vida hay muchos tipos de conexiones y que es parte del proceso, experimentar y probar todas las que nos enriquezcan pero también creo que quiero estar acompañada, que no quiero cerrar mi puerta permanentemente a las relaciones, que me veo formando una familia con otras personas (aunque sin duda, no tradicional) y que ante todo, quiero cariño, comprensión, pasión, amor, suavidad y libertad.

Pero no lo necesito. Me he enseñado a mi misma que debo hacer todo sin ayuda, que algún día estaré sola y que no podré contar con nadie, que deberé cuidarme y salvarme a mi misma de toda situación y que eso está bien, es natural y es correcto. Y sin embargo, no lo quiero. Quiero el cuidado y la protección de alguien, quiero el contacto, quiero dar y recibir y mientras que alguna vez, me encontré siendo castigada por mis decisiones no tradicionales, ahora me siento perseguida de otra manera por escoger a alguien, por decidir depender.

Me doy cuenta de que me da miedo pedir, me da miedo recibir y que en estos años de creerme mujer independiente, he perdido parte de mi energía femenina y he aprendido a dar, a tomar acción y a resolver problemas ajenos. Soy fuerte, decidida y sólida pero también soy sensible, apasionada y tierna y sólo admitir mi fragilidad y mi necesidad de cariño, me duele profundamente.

Me pregunto entonces, ¿cuántas de nosotras hemos cambiado una actitud por otra? y ¿qué nos toca ahora como mujeres? ¿Ser eternamente fuertes e independientes? ¿Ser congruentes hasta la soledad? ¿O encontrar otras comunidades de cariño con amigos o familia? Me pregunto ¿Esta mal querer relaciones? ¿Es incorrecto querer compartir? ¿Cómo no sentirme culpable por sentirme triste y sola cuando tengo tantas opciones? Y en especial ¿Cómo no sentir que traiciono a las mujeres del pasado queriendo como quiero yo?

Ahorita, definitivamente no veo nubes moradas...



viernes, 25 de diciembre de 2009

Obra Sicario

La semana de mi cumpleaños, mi familia me sorprendió llevándome a ver la obra Sicario en el Teatro San Rafael. Aparentemente, tenía muy buenas críticas y aunque yo no había oído absolutamente nada sobre ella, cuando llegamos y obtuvimos más información, sí me pareció muy interesante el proyecto porque, involucraba teatro con danza aérea para tratar el tema de la violencia en la sociedad mexicana.

Ya sentados en nuestros lugares, se nos indicó que no había programa para la obra pero sí una especie de prologo; nos entregaron unas hojas amarillas (la referencia al parecer superficial del color de la hoja es para simplificar futuras referencias en este texto jeje) con una disertación bastante interesante sobre la violencia en México y en específico, la delincuencia organizada. La idea central (palabras más, palabras menos) era algo así como que la obra buscaba ser el reflejo de una sociedad que simplemente se ha sometido a las imposiciones de un sistema criminal casi omnipotente y que vive ya de hecho bajo una organización delictiva más que bajo una organización social o del Estado. Además, nos advertía que sería una obra en la que el entretenimiento no era la meta; en cambio, se buscaba promover la organización social para hacerle frente a la delincuencia mediante la concientización derivada de confrontar al público con la realidad imperante en nuestro país.
La hoja amarilla (¿ya ven?) era firmada por el grupo In La 'Kech que tiene algún vínculo (que no alcanzo a entender del todo) con el espectáculo. Este grupo se define -en su página de Facebook- como: "un movimiento no politico, ni religioso, ni comercial que busca poner un alto a la violencia utilizando la FUERZA DE LA PAZ, expresando al mismo tiempo valores y cultura que unen a los mexicanos" cuyo objetivo es "organizarnos como sociedad para arrebatarle a la delincuencia el territorio nacional."

Teniendo el contexto en cuenta, quisiera pasar a la crítica sobre la obra y aunque me veo tentada, me abstendré de hablar sobre Sicario desde una perspectiva estética. Si me gustó o no, poco importa si se toma en cuenta todo lo dicho anteriormente; además, estoy segura de que debe haber muchas críticas dedicadas a los aspectos artísticos y a la calidad de las actuaciones y de los diferentes números.

Así que centraré mi análisis en la parte de fondo de la obra.
Con un prologo tan ambicioso como el de la hoja amarilla, creo personalmente que la obra se queda muy muy corta porque no es en realidad, un espejo acertado sobra la situación que vivimos en nuestro país actualmente. No es la historia de los grupos de sicarios, autores de incontables asesinatos en nuestro país cada día, tampoco es la historia de la pobreza o la marginación en la que vive el 60% de la sociedad mexicana; no habla de la corrupción ni de la participación de las instancias gubernamentales en negocios ilícitos, tampoco de la violación consuetudinaria de los derechos humanos; es más, ni siquiera es el reflejo de la violencia doméstica o de los abusos a los que están sometidos millones de niños en nuestro país.

Es una obra que cuenta la historia de un psicópata (sin la inteligencia y el orden que generalmente caracterizan a este tipo de personas) que de niño es marcado debido a que sí vive la carga significativa, porque de verdad creo que es algo muy doloroso para cualquier niño, de haber sido la causa por la cual su madre debe dejar una carrera exitosa como cantante. Ni siquiera sé si se puede llamar propiamente un psicópata; es más un niño absolutamente resentido e inseguro que se compara constantemente con su hermano (el cual no le quitó la chamba a su mamá y por lo tanto es "más querido") y que crece para convertirse en un hombre sin ninguna escala de valores y finalmente en un sádico.

Osea, simplificando las cosas (para todos aquellos que no la han visto), son dos hermanos hijos de una madre soltera pero de clase media, sin carencias económicas evidentes. El menor, Amado, más consentido y el mayor, José Acadio (aka Pepe), menos consentido porque antes de tenerlo, su jefa era una cantante con un futuro prometedor. Digo más y menos consentidos porque en realidad son niños cuidados que no viven situaciones de maltrato o violencia.
Insisto en que la mamá no es para nada perfecta y que la carga de Pepe no está fácil y que seguramente es un motivo para terapia pero no para ser un asesino.

Sabiendo esto, creo que queda bastante claro que no es la historia de la realidad mexicana y que ni siquiera se acerca a explicar las causas de la violencia en la actualidad. Por supuesto que el contexto familiar marca indeleblemente a cada individuo pero en nuestro país, esos contextos son de verdadera agresión y maltrato. Esta es la realidad que, aunada a una situación de pobreza devastadora, a la falta de educación y oportunidades, a la carencia de atención médica y psicológica adecuada, entre otras, orilla a las personas a actividades delictivas y al uso de la violencia.
Y esta realidad a su vez, marcada por la falta de un estado de derecho y por la corrupción absoluta de las instancias judiciales y gubernamentales, es la que da la oportunidad de que se generen organizaciones delictivas de la magnitud de las que existen en México.

Cabe destacar, que se calculan al rededor de 13 mil personas ejecutadas en nuestro país (!!!) por distintas organizaciones delictivas a lo largo de este sexenio (que apenas va pasando la mitad) y que el Chapo Guzman está oficialmente en la posición 701 de la lista de millonarios de Forbes.
Una realidad de este calibre no es producto de niños ricos resentidos por la preferencia de sus papás a sus hermanos (aunque destaco que no ayuda), sino de millones y millones de personas desequilibradas por situaciones de maltrato extremo en un entorno de marginación absoluta encubiertas por y relacionadas a los poderes máximos de este país.

Por lo tanto, decir que una obra que solo trata la historia de los problemas medio existenciales de una familia es una forma de mostrar las causas del crimen en México y de alentar al público para organizarse contra él, es, desde mi perspectiva absolutamente ingenuo y superficial. No le quito mérito al intento, pero tampoco me parece que hacer sentir a la gente que asiste al teatro (y que no vive en condiciones de pobreza extrema porque puede pagar los boletos) que están siendo observadores de las causas de la violencia y que están de alguna manera, ayudando a cambiar la realidad actual, es de hecho, contraproducente.
Si queremos revertir este desastre en el que vivimos tenemos que entender de fondo, las causas y la obra Sicario no es en lo más mínimo un acercamiento a su comprensión.

Después de analizar esto, si me parece que las actuaciones en general dejan mucho que desear, que no hay verdadera danza aérea en la obra o que la escenografía es versátil y original, poco importa porque esta no es una obra para satisfacer nuestras necesidades artísticas o estéticas o para entreternos; nos lo dice la hoja amarilla; es para hacernos despertar y nos despierta a un sueño, que aunque violento y aberrante no se acerca ni remotamente a la pesadilla en la que vive México.

Si no me hubieran dado la famosa hoja amarilla, me parecería una obra equis; demasiado violenta para mi gusto y de la cual saldría un poco decepcionada porque no tiene en realidad danza aérea. Nada más. Pero como tengo presente la hoja amarilla, no puedo verla más que como una obra falsa que no enseña la verdad en la que está inmersa la sociedad mexicana.

Ojalá, In La 'Kech, siga teniendo en mente hacer arte por la paz y ojalá también haya más grupos de este tipo pero más que nada, ojalá se vean las cosas con más profundidad y se busque entender a fondo la violencia actual.

Ojalá logremos ver las nubes moradas...


domingo, 29 de noviembre de 2009

Los Sioux, los colonos, los búfalos y las nubes moradas

¿Por dónde empezar?
Vaya, la verdad no tengo idea. Tal vez debería dar las razones para haber empezado este proyecto pero sigo sin estar muy segura de cuáles son realmente. Puedo decir que no es un blog personal, no es por burlarme de aquellos blogs que sí lo son (lo juro) pero no hablaré de las peleas con mi novio o de la falta de novio; aunque seguramente acabaré vertiendo mucho de mí misma en cada entrada. Tampoco es un blog con alguna causa específica pero creo que sí tendrá una visión crítica de la realidad. Así que tal vez, se puede decir que será una extraña mezcla entre estos dos, resultando en un proyecto para hablar a través de mi visión personal sobre los temas que considero importantes para, de alguna manera, fomentar cambios.

El origen de la idea puede rastrearse al lejano día de ayer cuando estaba viendo la película Danza con Lobos y me dí cuenta de cuántas cosas hemos perdido en el camino para llegar hasta donde estamos hoy. (Si no la han visto, lo siento. La contaría pero es buena, cursi... pero buena, así que mejor chéquenla.) En fin, pensé que ahora tenemos muchas cosas de las cuales alegrarnos pero que también que para la mayoría de nosotros nos sería imposible apreciar el valor de los búfalos o tomarse el tiempo de contemplar las nubes moradas, de la manera en que los Sioux lo hacían.

Sé que esto suena como un pésimo inicio de cualquier cosa pero esperen, juro que hará lógica un poco más adelante. Lo que reflexioné a partir de esta sencilla idea es que en el caso de la trama de la película, la única verdad es que no había una verdad universal; había muchas versiones de la realidad y todas tenían algo valioso. Pero no había ninguna posibilidad de comunicación y tampoco había tiempo para intentarlo o simplemente suficiente territorio (es decir, dinero) como para que los blancos dejarán en paz a los indios y viceversa y entonces recurrimos a la matanza total, cerramos el capítulo indio, no escuchamos nada y nos quedamos con la misma versión de toda la vida (que aunque tenía valor, cabe destacar, no funcionaba a la perfección ya desde entonces).

No quiero empezar a calificar ni a categorizar nada. No diré que el calentamiento global es totalmente culpa del mundo occidental ni que la solución a nuestros problemas es volver a vivir como los indios. Más bien quisiera evitar ese tipo de acercamientos y simplemente analizar los temas de una manera más abierta para acercarnos a cómo podemos encontrar el equilibrio como especie. Solo digo que tal vez, podríamos basar las relaciones en escuchar al otro, con respeto y sin violencia y siguiendo esta idea, tal vez la historia sería diferente y Estados Unidos hubiera sido caracterizado por una sociedad más innovadora y creativa que mezclara, el avance tecnológico de los colonos y la filosofía de respeto de los indios (En una línea de pensamiento totalmente idealista, claro está, pero entienden mi idea, ¿no?).

Creo que tomar partidos no nos facilita esto de buscar equilibrio y es más, me gustaría entender de donde viene está costumbre humana de definirnos a partir de lo que no somos. ¿Por qué hacemos eso? y más importante aún, ¿Por qué nada nos genera un sentimiento de identidad y de comunidad más palpable que estar en contra de otros? ¿Es lo único que somos? ¿Una lista de características? ¿Homosexuales o heterosexuales? ¿Socialistas o capitalistas? ¿Mexicanos o no mexicanos? ¿Sionistas o antisemitas? ¿Todo tiene que definirse a partir de etiquetas? ¿Por qué es que le damos tanto poder a un simple concepto de manera que nos deja fuera de tantos grupos y a la vez sienta las bases para todas nuestras demás relaciones?

Creo que este es un asunto que sí me atrevería a calificar y lo etiquetaría como problema; uno de los mayores problemas de la humanidad porque nos inhabilita para experimentar muchas otras formas de vivir y de desarrollarnos.
Bueno, he aquí en resumidas cuentas (no taaaaan resumidas y con un choro mareador sobre una película que ya de por sí puede resultar mareadora... aunque insisto, buena) la premisa principal para crear este blog. No me imaginaba haciéndolo, en particular porque pienso que no tiene caso escribir más cháchara si ya todo está por ahí en algún lugar pero se me ocurre que nunca hay suficientes espacios de tolerancia y de debate así que lo que quiero decir, es que la idea de este blog es que exista la discusión y que tal vez, a partir de ésta, lleguemos a entender más sobre aquella distante utopía de lograr el equilibrio.

Así que, éste más que ser un blog de arte, o de consumo responsable o de política o de la vida diaria es un espacio para discutir y espero de los pocos de ustedes que lo lean, que traten de hablar honesta y respetuosamente (lo más que se pueda, entiendo que uno se apasiona pero por favor recuerden el choro de los indios y los colonos) para desarrollar mezclas interesantes e incluso ideas nuevas y así, tal vez la próxima vez que el cielo tenga nubes moradas, no nos olvidemos de voltear a verlas.