La semana de mi cumpleaños, mi familia me sorprendió llevándome a ver la obra Sicario en el Teatro San Rafael. Aparentemente, tenía muy buenas críticas y aunque yo no había oído absolutamente nada sobre ella, cuando llegamos y obtuvimos más información, sí me pareció muy interesante el proyecto porque, involucraba teatro con danza aérea para tratar el tema de la violencia en la sociedad mexicana.
Ya sentados en nuestros lugares, se nos indicó que no había programa para la obra pero sí una especie de prologo; nos entregaron unas hojas amarillas (la referencia al parecer superficial del color de la hoja es para simplificar futuras referencias en este texto jeje) con una disertación bastante interesante sobre la violencia en México y en específico, la delincuencia organizada. La idea central (palabras más, palabras menos) era algo así como que la obra buscaba ser el reflejo de una sociedad que simplemente se ha sometido a las imposiciones de un sistema criminal casi omnipotente y que vive ya de hecho bajo una organización delictiva más que bajo una organización social o del Estado. Además, nos advertía que sería una obra en la que el entretenimiento no era la meta; en cambio, se buscaba promover la organización social para hacerle frente a la delincuencia mediante la concientización derivada de confrontar al público con la realidad imperante en nuestro país.
La hoja amarilla (¿ya ven?) era firmada por el grupo In La 'Kech que tiene algún vínculo (que no alcanzo a entender del todo) con el espectáculo. Este grupo se define -en su página de Facebook- como: "un movimiento no politico, ni religioso, ni comercial que busca poner un alto a la violencia utilizando la FUERZA DE LA PAZ, expresando al mismo tiempo valores y cultura que unen a los mexicanos" cuyo objetivo es "organizarnos como sociedad para arrebatarle a la delincuencia el territorio nacional."
Teniendo el contexto en cuenta, quisiera pasar a la crítica sobre la obra y aunque me veo tentada, me abstendré de hablar sobre Sicario desde una perspectiva estética. Si me gustó o no, poco importa si se toma en cuenta todo lo dicho anteriormente; además, estoy segura de que debe haber muchas críticas dedicadas a los aspectos artísticos y a la calidad de las actuaciones y de los diferentes números.
Así que centraré mi análisis en la parte de fondo de la obra.
Con un prologo tan ambicioso como el de la hoja amarilla, creo personalmente que la obra se queda muy muy corta porque no es en realidad, un espejo acertado sobra la situación que vivimos en nuestro país actualmente. No es la historia de los grupos de sicarios, autores de incontables asesinatos en nuestro país cada día, tampoco es la historia de la pobreza o la marginación en la que vive el 60% de la sociedad mexicana; no habla de la corrupción ni de la participación de las instancias gubernamentales en negocios ilícitos, tampoco de la violación consuetudinaria de los derechos humanos; es más, ni siquiera es el reflejo de la violencia doméstica o de los abusos a los que están sometidos millones de niños en nuestro país.
Es una obra que cuenta la historia de un psicópata (sin la inteligencia y el orden que generalmente caracterizan a este tipo de personas) que de niño es marcado debido a que sí vive la carga significativa, porque de verdad creo que es algo muy doloroso para cualquier niño, de haber sido la causa por la cual su madre debe dejar una carrera exitosa como cantante. Ni siquiera sé si se puede llamar propiamente un psicópata; es más un niño absolutamente resentido e inseguro que se compara constantemente con su hermano (el cual no le quitó la chamba a su mamá y por lo tanto es "más querido") y que crece para convertirse en un hombre sin ninguna escala de valores y finalmente en un sádico.
Osea, simplificando las cosas (para todos aquellos que no la han visto), son dos hermanos hijos de una madre soltera pero de clase media, sin carencias económicas evidentes. El menor, Amado, más consentido y el mayor, José Acadio (aka Pepe), menos consentido porque antes de tenerlo, su jefa era una cantante con un futuro prometedor. Digo más y menos consentidos porque en realidad son niños cuidados que no viven situaciones de maltrato o violencia.
Insisto en que la mamá no es para nada perfecta y que la carga de Pepe no está fácil y que seguramente es un motivo para terapia pero no para ser un asesino.
Sabiendo esto, creo que queda bastante claro que no es la historia de la realidad mexicana y que ni siquiera se acerca a explicar las causas de la violencia en la actualidad. Por supuesto que el contexto familiar marca indeleblemente a cada individuo pero en nuestro país, esos contextos son de verdadera agresión y maltrato. Esta es la realidad que, aunada a una situación de pobreza devastadora, a la falta de educación y oportunidades, a la carencia de atención médica y psicológica adecuada, entre otras, orilla a las personas a actividades delictivas y al uso de la violencia.
Y esta realidad a su vez, marcada por la falta de un estado de derecho y por la corrupción absoluta de las instancias judiciales y gubernamentales, es la que da la oportunidad de que se generen organizaciones delictivas de la magnitud de las que existen en México.
Cabe destacar, que se calculan al rededor de 13 mil personas ejecutadas en nuestro país (!!!) por distintas organizaciones delictivas a lo largo de este sexenio (que apenas va pasando la mitad) y que el Chapo Guzman está oficialmente en la posición 701 de la lista de millonarios de Forbes.
Una realidad de este calibre no es producto de niños ricos resentidos por la preferencia de sus papás a sus hermanos (aunque destaco que no ayuda), sino de millones y millones de personas desequilibradas por situaciones de maltrato extremo en un entorno de marginación absoluta encubiertas por y relacionadas a los poderes máximos de este país.
Por lo tanto, decir que una obra que solo trata la historia de los problemas medio existenciales de una familia es una forma de mostrar las causas del crimen en México y de alentar al público para organizarse contra él, es, desde mi perspectiva absolutamente ingenuo y superficial. No le quito mérito al intento, pero tampoco me parece que hacer sentir a la gente que asiste al teatro (y que no vive en condiciones de pobreza extrema porque puede pagar los boletos) que están siendo observadores de las causas de la violencia y que están de alguna manera, ayudando a cambiar la realidad actual, es de hecho, contraproducente.
Si queremos revertir este desastre en el que vivimos tenemos que entender de fondo, las causas y la obra Sicario no es en lo más mínimo un acercamiento a su comprensión.
Después de analizar esto, si me parece que las actuaciones en general dejan mucho que desear, que no hay verdadera danza aérea en la obra o que la escenografía es versátil y original, poco importa porque esta no es una obra para satisfacer nuestras necesidades artísticas o estéticas o para entreternos; nos lo dice la hoja amarilla; es para hacernos despertar y nos despierta a un sueño, que aunque violento y aberrante no se acerca ni remotamente a la pesadilla en la que vive México.
Si no me hubieran dado la famosa hoja amarilla, me parecería una obra equis; demasiado violenta para mi gusto y de la cual saldría un poco decepcionada porque no tiene en realidad danza aérea. Nada más. Pero como tengo presente la hoja amarilla, no puedo verla más que como una obra falsa que no enseña la verdad en la que está inmersa la sociedad mexicana.
Ojalá, In La 'Kech, siga teniendo en mente hacer arte por la paz y ojalá también haya más grupos de este tipo pero más que nada, ojalá se vean las cosas con más profundidad y se busque entender a fondo la violencia actual.
Ojalá logremos ver las nubes moradas...
Ya sentados en nuestros lugares, se nos indicó que no había programa para la obra pero sí una especie de prologo; nos entregaron unas hojas amarillas (la referencia al parecer superficial del color de la hoja es para simplificar futuras referencias en este texto jeje) con una disertación bastante interesante sobre la violencia en México y en específico, la delincuencia organizada. La idea central (palabras más, palabras menos) era algo así como que la obra buscaba ser el reflejo de una sociedad que simplemente se ha sometido a las imposiciones de un sistema criminal casi omnipotente y que vive ya de hecho bajo una organización delictiva más que bajo una organización social o del Estado. Además, nos advertía que sería una obra en la que el entretenimiento no era la meta; en cambio, se buscaba promover la organización social para hacerle frente a la delincuencia mediante la concientización derivada de confrontar al público con la realidad imperante en nuestro país.
La hoja amarilla (¿ya ven?) era firmada por el grupo In La 'Kech que tiene algún vínculo (que no alcanzo a entender del todo) con el espectáculo. Este grupo se define -en su página de Facebook- como: "un movimiento no politico, ni religioso, ni comercial que busca poner un alto a la violencia utilizando la FUERZA DE LA PAZ, expresando al mismo tiempo valores y cultura que unen a los mexicanos" cuyo objetivo es "organizarnos como sociedad para arrebatarle a la delincuencia el territorio nacional."
Teniendo el contexto en cuenta, quisiera pasar a la crítica sobre la obra y aunque me veo tentada, me abstendré de hablar sobre Sicario desde una perspectiva estética. Si me gustó o no, poco importa si se toma en cuenta todo lo dicho anteriormente; además, estoy segura de que debe haber muchas críticas dedicadas a los aspectos artísticos y a la calidad de las actuaciones y de los diferentes números.
Así que centraré mi análisis en la parte de fondo de la obra.
Con un prologo tan ambicioso como el de la hoja amarilla, creo personalmente que la obra se queda muy muy corta porque no es en realidad, un espejo acertado sobra la situación que vivimos en nuestro país actualmente. No es la historia de los grupos de sicarios, autores de incontables asesinatos en nuestro país cada día, tampoco es la historia de la pobreza o la marginación en la que vive el 60% de la sociedad mexicana; no habla de la corrupción ni de la participación de las instancias gubernamentales en negocios ilícitos, tampoco de la violación consuetudinaria de los derechos humanos; es más, ni siquiera es el reflejo de la violencia doméstica o de los abusos a los que están sometidos millones de niños en nuestro país.
Es una obra que cuenta la historia de un psicópata (sin la inteligencia y el orden que generalmente caracterizan a este tipo de personas) que de niño es marcado debido a que sí vive la carga significativa, porque de verdad creo que es algo muy doloroso para cualquier niño, de haber sido la causa por la cual su madre debe dejar una carrera exitosa como cantante. Ni siquiera sé si se puede llamar propiamente un psicópata; es más un niño absolutamente resentido e inseguro que se compara constantemente con su hermano (el cual no le quitó la chamba a su mamá y por lo tanto es "más querido") y que crece para convertirse en un hombre sin ninguna escala de valores y finalmente en un sádico.
Osea, simplificando las cosas (para todos aquellos que no la han visto), son dos hermanos hijos de una madre soltera pero de clase media, sin carencias económicas evidentes. El menor, Amado, más consentido y el mayor, José Acadio (aka Pepe), menos consentido porque antes de tenerlo, su jefa era una cantante con un futuro prometedor. Digo más y menos consentidos porque en realidad son niños cuidados que no viven situaciones de maltrato o violencia.
Insisto en que la mamá no es para nada perfecta y que la carga de Pepe no está fácil y que seguramente es un motivo para terapia pero no para ser un asesino.
Sabiendo esto, creo que queda bastante claro que no es la historia de la realidad mexicana y que ni siquiera se acerca a explicar las causas de la violencia en la actualidad. Por supuesto que el contexto familiar marca indeleblemente a cada individuo pero en nuestro país, esos contextos son de verdadera agresión y maltrato. Esta es la realidad que, aunada a una situación de pobreza devastadora, a la falta de educación y oportunidades, a la carencia de atención médica y psicológica adecuada, entre otras, orilla a las personas a actividades delictivas y al uso de la violencia.
Y esta realidad a su vez, marcada por la falta de un estado de derecho y por la corrupción absoluta de las instancias judiciales y gubernamentales, es la que da la oportunidad de que se generen organizaciones delictivas de la magnitud de las que existen en México.
Cabe destacar, que se calculan al rededor de 13 mil personas ejecutadas en nuestro país (!!!) por distintas organizaciones delictivas a lo largo de este sexenio (que apenas va pasando la mitad) y que el Chapo Guzman está oficialmente en la posición 701 de la lista de millonarios de Forbes.
Una realidad de este calibre no es producto de niños ricos resentidos por la preferencia de sus papás a sus hermanos (aunque destaco que no ayuda), sino de millones y millones de personas desequilibradas por situaciones de maltrato extremo en un entorno de marginación absoluta encubiertas por y relacionadas a los poderes máximos de este país.
Por lo tanto, decir que una obra que solo trata la historia de los problemas medio existenciales de una familia es una forma de mostrar las causas del crimen en México y de alentar al público para organizarse contra él, es, desde mi perspectiva absolutamente ingenuo y superficial. No le quito mérito al intento, pero tampoco me parece que hacer sentir a la gente que asiste al teatro (y que no vive en condiciones de pobreza extrema porque puede pagar los boletos) que están siendo observadores de las causas de la violencia y que están de alguna manera, ayudando a cambiar la realidad actual, es de hecho, contraproducente.
Si queremos revertir este desastre en el que vivimos tenemos que entender de fondo, las causas y la obra Sicario no es en lo más mínimo un acercamiento a su comprensión.
Después de analizar esto, si me parece que las actuaciones en general dejan mucho que desear, que no hay verdadera danza aérea en la obra o que la escenografía es versátil y original, poco importa porque esta no es una obra para satisfacer nuestras necesidades artísticas o estéticas o para entreternos; nos lo dice la hoja amarilla; es para hacernos despertar y nos despierta a un sueño, que aunque violento y aberrante no se acerca ni remotamente a la pesadilla en la que vive México.
Si no me hubieran dado la famosa hoja amarilla, me parecería una obra equis; demasiado violenta para mi gusto y de la cual saldría un poco decepcionada porque no tiene en realidad danza aérea. Nada más. Pero como tengo presente la hoja amarilla, no puedo verla más que como una obra falsa que no enseña la verdad en la que está inmersa la sociedad mexicana.
Ojalá, In La 'Kech, siga teniendo en mente hacer arte por la paz y ojalá también haya más grupos de este tipo pero más que nada, ojalá se vean las cosas con más profundidad y se busque entender a fondo la violencia actual.
Ojalá logremos ver las nubes moradas...
No hay comentarios:
Publicar un comentario