Aunque este blog no tiene el objetivo de tratar cosas personales, en esta entrada hablaré un poco sobre mi vida. En este momento, estoy pasando por una situación difícil con una relación y de alguna manera esto ha hecho que me confronte con todo lo que alguna vez creí válido o real sobre el amor y las relaciones humanas.
Hablar de relaciones y especialmente de amor o de amistad no me es fácil. Soy finalmente, una mujer creciendo en el siglo XXI; un siglo ya muy avanzado en la historia humana en el cual, parecería, todo se ha dicho sobre el amor. Destaco que estoy creciendo porque en muchos sentidos, me siento totalmente verde, totalmente nueva, tan poco lista para tantos retos y sin embargo, me hallo en una situación que requiere todas mis herramientas y toda mi sabiduría, aunque insisto, no me siento lista.
De verdad creo que todo se ha dicho sobre amor en este siglo; tenemos tantas opciones como mujeres modernas: podemos casarnos o solo vivir con alguien, puede ser hombre o mujer, podemos ser amas de casas, mujeres trabajadoras, podemos ser fieles, tener relaciones abiertas o escoger alguna opción más alternativa estilo "Vicky, Christina, Barcelona", podemos decidir ser madres con una pareja, no serlo, serlo solteras, podemos quedarnos de "quedadas" (valga la redundancia) y se puede decir que no vivimos el linchamiento físico y real que vivimos en algún momento, pero ¿podemos decir que no hay linchamientos de otro tipo? ¿Se puede afirmar que ya no hay cargas para las mujeres?
En la increíble novela "Gabriela, clavo y canela" de Jorge Amado, se habla de las costumbres de las ciudades brasileñas en los años 20's, o bueno, a principios del siglo pasado. En la historia, varias mujeres son cruelmente asesinadas por mantener relaciones fuera de su matrimonio y lo que es peor, la justicia contempla estos hechos con pasividad e incluso con aprobación, de la misma manera que lo hace el resto de la sociedad. Leyendo esto, me he enfrentado a una realidad que alguna vez fue por definición, femenina y que ahora parece distante de alguna manera. Mis bisabuelas, vieron esa violencia, mis abuelas vivieron en una realidad parecida, mi mamá y mi tía lucharon toda su vida por espacios de libertad y yo puedo ver distancia gracias a sus historias.
Aún así, eso de la distancia es bastante relativo, porque si ponemos atención, el machismo y la misoginia no han parado y solo han encontrado maneras distintas de manifestarse, sin embargo, dejaré ese análisis para otra entrada; en este, centrémonos en otro tipo de mujeres, en aquellas mujeres que no viven situaciones de extrema violencia, que entienden sus derechos y que tienen sus necesidades básicas cubiertas. Estas mujeres, parecerían estar en una situación óptima para vivir la vida que ellas decidan, para encontrarse en situaciones de respeto y de cariño y posiblemente para vivir una vida feliz con otras personas. Y sin embargo, hoy más que nunca, hay retos muy profundos para las parejas y por supuesto, para las mujeres.
Ya no necesitamos a los hombres; no son nuestro boleto para salir de casa de nuestros padres, no son nuestra fuente económica ni siquiera nuestra única opción para ser madres. Y aunque por supuesto, apoyo totalmente que la decisión de unir o no nuestras vidas no venga de la necesidad, me pregunto, ¿qué tanto ha afectado nuestra realidad como mujeres?
Realmente no tengo una respuesta clara. Siento que es un tema demasiado profundo e intrincado para responderlo pero puedo decir que me siento absolutamente confundida sobre lo que debo hacer de ahora en adelante en mi vida personal. Y especialmente, siento que seguimos siendo linchadas sin importar nuestras decisiones de vida.
En lo personal, siempre creí que yo sería una mujer fuerte, trabajadora e independiente. Desde que llegué a la adolescencia, comprendí que no quería casarme, que no quería cuidar a un hombre como modo de vida; no fueron pocos los moretones del camino pero tomó más tiempo y algunos golpes más, darme cuenta de que yo no creía en la fidelidad, que no quería establecerme ni comprometerme así con nadie y que tal vez, ni siquiera veía a un hombre en mi camino. Estoy orgullosa de las decisiones que tomé en ese momento y también de lo radical que fui en mi posición al respecto. No obstante, ahora me encuentro en otra etapa. Sigo sin creer en el matrimonio, tampoco creo necesariamente en la fidelidad y pienso que en la vida hay muchos tipos de conexiones y que es parte del proceso, experimentar y probar todas las que nos enriquezcan pero también creo que quiero estar acompañada, que no quiero cerrar mi puerta permanentemente a las relaciones, que me veo formando una familia con otras personas (aunque sin duda, no tradicional) y que ante todo, quiero cariño, comprensión, pasión, amor, suavidad y libertad.
Pero no lo necesito. Me he enseñado a mi misma que debo hacer todo sin ayuda, que algún día estaré sola y que no podré contar con nadie, que deberé cuidarme y salvarme a mi misma de toda situación y que eso está bien, es natural y es correcto. Y sin embargo, no lo quiero. Quiero el cuidado y la protección de alguien, quiero el contacto, quiero dar y recibir y mientras que alguna vez, me encontré siendo castigada por mis decisiones no tradicionales, ahora me siento perseguida de otra manera por escoger a alguien, por decidir depender.
Me doy cuenta de que me da miedo pedir, me da miedo recibir y que en estos años de creerme mujer independiente, he perdido parte de mi energía femenina y he aprendido a dar, a tomar acción y a resolver problemas ajenos. Soy fuerte, decidida y sólida pero también soy sensible, apasionada y tierna y sólo admitir mi fragilidad y mi necesidad de cariño, me duele profundamente.
Me pregunto entonces, ¿cuántas de nosotras hemos cambiado una actitud por otra? y ¿qué nos toca ahora como mujeres? ¿Ser eternamente fuertes e independientes? ¿Ser congruentes hasta la soledad? ¿O encontrar otras comunidades de cariño con amigos o familia? Me pregunto ¿Esta mal querer relaciones? ¿Es incorrecto querer compartir? ¿Cómo no sentirme culpable por sentirme triste y sola cuando tengo tantas opciones? Y en especial ¿Cómo no sentir que traiciono a las mujeres del pasado queriendo como quiero yo?
Ahorita, definitivamente no veo nubes moradas...
Hablar de relaciones y especialmente de amor o de amistad no me es fácil. Soy finalmente, una mujer creciendo en el siglo XXI; un siglo ya muy avanzado en la historia humana en el cual, parecería, todo se ha dicho sobre el amor. Destaco que estoy creciendo porque en muchos sentidos, me siento totalmente verde, totalmente nueva, tan poco lista para tantos retos y sin embargo, me hallo en una situación que requiere todas mis herramientas y toda mi sabiduría, aunque insisto, no me siento lista.
De verdad creo que todo se ha dicho sobre amor en este siglo; tenemos tantas opciones como mujeres modernas: podemos casarnos o solo vivir con alguien, puede ser hombre o mujer, podemos ser amas de casas, mujeres trabajadoras, podemos ser fieles, tener relaciones abiertas o escoger alguna opción más alternativa estilo "Vicky, Christina, Barcelona", podemos decidir ser madres con una pareja, no serlo, serlo solteras, podemos quedarnos de "quedadas" (valga la redundancia) y se puede decir que no vivimos el linchamiento físico y real que vivimos en algún momento, pero ¿podemos decir que no hay linchamientos de otro tipo? ¿Se puede afirmar que ya no hay cargas para las mujeres?
En la increíble novela "Gabriela, clavo y canela" de Jorge Amado, se habla de las costumbres de las ciudades brasileñas en los años 20's, o bueno, a principios del siglo pasado. En la historia, varias mujeres son cruelmente asesinadas por mantener relaciones fuera de su matrimonio y lo que es peor, la justicia contempla estos hechos con pasividad e incluso con aprobación, de la misma manera que lo hace el resto de la sociedad. Leyendo esto, me he enfrentado a una realidad que alguna vez fue por definición, femenina y que ahora parece distante de alguna manera. Mis bisabuelas, vieron esa violencia, mis abuelas vivieron en una realidad parecida, mi mamá y mi tía lucharon toda su vida por espacios de libertad y yo puedo ver distancia gracias a sus historias.
Aún así, eso de la distancia es bastante relativo, porque si ponemos atención, el machismo y la misoginia no han parado y solo han encontrado maneras distintas de manifestarse, sin embargo, dejaré ese análisis para otra entrada; en este, centrémonos en otro tipo de mujeres, en aquellas mujeres que no viven situaciones de extrema violencia, que entienden sus derechos y que tienen sus necesidades básicas cubiertas. Estas mujeres, parecerían estar en una situación óptima para vivir la vida que ellas decidan, para encontrarse en situaciones de respeto y de cariño y posiblemente para vivir una vida feliz con otras personas. Y sin embargo, hoy más que nunca, hay retos muy profundos para las parejas y por supuesto, para las mujeres.
Ya no necesitamos a los hombres; no son nuestro boleto para salir de casa de nuestros padres, no son nuestra fuente económica ni siquiera nuestra única opción para ser madres. Y aunque por supuesto, apoyo totalmente que la decisión de unir o no nuestras vidas no venga de la necesidad, me pregunto, ¿qué tanto ha afectado nuestra realidad como mujeres?
Realmente no tengo una respuesta clara. Siento que es un tema demasiado profundo e intrincado para responderlo pero puedo decir que me siento absolutamente confundida sobre lo que debo hacer de ahora en adelante en mi vida personal. Y especialmente, siento que seguimos siendo linchadas sin importar nuestras decisiones de vida.
En lo personal, siempre creí que yo sería una mujer fuerte, trabajadora e independiente. Desde que llegué a la adolescencia, comprendí que no quería casarme, que no quería cuidar a un hombre como modo de vida; no fueron pocos los moretones del camino pero tomó más tiempo y algunos golpes más, darme cuenta de que yo no creía en la fidelidad, que no quería establecerme ni comprometerme así con nadie y que tal vez, ni siquiera veía a un hombre en mi camino. Estoy orgullosa de las decisiones que tomé en ese momento y también de lo radical que fui en mi posición al respecto. No obstante, ahora me encuentro en otra etapa. Sigo sin creer en el matrimonio, tampoco creo necesariamente en la fidelidad y pienso que en la vida hay muchos tipos de conexiones y que es parte del proceso, experimentar y probar todas las que nos enriquezcan pero también creo que quiero estar acompañada, que no quiero cerrar mi puerta permanentemente a las relaciones, que me veo formando una familia con otras personas (aunque sin duda, no tradicional) y que ante todo, quiero cariño, comprensión, pasión, amor, suavidad y libertad.
Pero no lo necesito. Me he enseñado a mi misma que debo hacer todo sin ayuda, que algún día estaré sola y que no podré contar con nadie, que deberé cuidarme y salvarme a mi misma de toda situación y que eso está bien, es natural y es correcto. Y sin embargo, no lo quiero. Quiero el cuidado y la protección de alguien, quiero el contacto, quiero dar y recibir y mientras que alguna vez, me encontré siendo castigada por mis decisiones no tradicionales, ahora me siento perseguida de otra manera por escoger a alguien, por decidir depender.
Me doy cuenta de que me da miedo pedir, me da miedo recibir y que en estos años de creerme mujer independiente, he perdido parte de mi energía femenina y he aprendido a dar, a tomar acción y a resolver problemas ajenos. Soy fuerte, decidida y sólida pero también soy sensible, apasionada y tierna y sólo admitir mi fragilidad y mi necesidad de cariño, me duele profundamente.
Me pregunto entonces, ¿cuántas de nosotras hemos cambiado una actitud por otra? y ¿qué nos toca ahora como mujeres? ¿Ser eternamente fuertes e independientes? ¿Ser congruentes hasta la soledad? ¿O encontrar otras comunidades de cariño con amigos o familia? Me pregunto ¿Esta mal querer relaciones? ¿Es incorrecto querer compartir? ¿Cómo no sentirme culpable por sentirme triste y sola cuando tengo tantas opciones? Y en especial ¿Cómo no sentir que traiciono a las mujeres del pasado queriendo como quiero yo?
Ahorita, definitivamente no veo nubes moradas...
Me conmueve tu manera y me motivan tus preguntas... Las respuestas están en construcción y en algún lado siento que cada vez hay más esperanza.
ResponderEliminarEl espacio es contigo y en todo caso con las mujeres que vienen. Las del pasado hemos caminado y seguiremos caminando para llegar hasta donde sea posible y sabiendo que quienes siguen también están haciendo su parte...
"Um livro muito instrutivo", ese de Gabriela, Clavo y Canela :) Me pareció muy interesante lo que escribes, y no sé si es un tema personal, pero me gustaría ver una entrada donde se desmenuce el tema de "¿Cómo no sentir que traiciono a las mujeres del pasado queriendo como quiero yo?" Es "uma pergunta muito poética" :)
ResponderEliminar